Al curioso lector

Es la curiosidad una inquietud natural en los niños que el paso del tiempo suele encargarse de recortar. Pero en ocasiones, aún muchos años después, lejos de acabar saciados por el conocimiento del mundo, de las cosas, de la vida en definitiva, sufrimos una sed inagotable. Entonces, la curiosidad va transmutando en enfermedad, en padecimiento gozoso y cotidiano, en ansias incansables. Cuanto más sabemos, más se se ensancha y se ensancha el horizonte… Nos gustaría abrazarlo con las manos, pero el tiempo pasa, la enfermedad se hace crónica y nos esclaviza. Con resignación se acaba comprendiendo y aceptando que uno no puede conocerlo todo, y va, entonces, en lo posible, acotando la parcela, el campo de cultivo, porque se da cuenta de que cuando este es pequeño puede llegar más allá… y llegar más allá es el objetivo de todo curioso.

Oh, lector, curioso tú también, que te asomas a esta Junta de Libros. Bajo la sombra de este árbol no hay otra cosa que una necesidad de compartir mi curiosidad por las Letras, por la Literatura y la Historia. Si de lo que leas en estas páginas, algo te aprovecha, yo quedaré pagado y tú enriquecido; y si no es así, te diré lo de Plinio, &. Vale.

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